Con corazones llenos de gratitud y esperanza, familias de distintos rincones del país se dieron cita el domingo pasado en la capital espiritual del Paraguay para celebrar una nueva edición de la tradicional Caminata por la Familia.
La jornada comenzó en las primeras horas del amanecer. A las 5:45, cientos de emefecistas se concentraron en el emblemático Santuario de Tupasy Ykuá. Con los primeros rayos del sol, puntualmente a las 6:00 de la mañana, inició la peregrinación rumbo a la Basílica Santuario Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé.
Ni la tenue llovizna que acompañó el trayecto logró mermar el entusiasmo de los peregrinos; al contrario, se convirtió en un signo de perseverancia y entrega. A paso firme y en un clima de profunda piedad, el recorrido estuvo marcado por la oración comunitaria del Santo Rosario, encomendando cada paso, cada hogar y las intenciones de toda la Iglesia doméstica a los pies de la Madre común bajo la bendición del agua que caía del cielo.
Un encuentro ante el altar: la Santa Misa en la Basílica
Al llegar al templo mariano, la marcha culminó con la celebración de la Santa Misa presidida por Mons. Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé.
Ya en las palabras iniciales de la liturgia, Mons. Valenzuela saludó cordialmente a la gran delegación del Movimiento Familiar Cristiano y agradeció su testimonio en esta peregrinación, destacando que llegaron hasta el santuario «para encontrarse con el Señor y encomendar sus familias a la protección de la Virgencita Milagrosa de Caacupé».
Durante la homilía, el obispo profundizó en los desafíos que afronta el hogar en los tiempos actuales, reflexionando con preocupación paternal sobre la necesidad vital de dedicar tiempo de calidad a los hijos y alertando sobre aquellos vicios y distracciones que terminan fragmentando y dañando a la familia.

La ofrenda del amor y el servicio comunitario
Uno de los momentos más significativos de la celebración tuvo lugar durante la presentación de las ofrendas. Ante el altar, el testimonio del MFC se hizo tangible a través de gestos concretos:
- Pan y uvas: Presentados por un matrimonio del movimiento como signos eucarísticos de unidad y entrega conyugal.
- Alimentos no perecederos: Donados por matrimonios del movimiento de Ciudad del Este, quienes celebraron con este gesto solidario su vigésimo primer aniversario de vida grupal.
- Aporte juvenil: La juventud del movimiento también dijo presente en el altar mediante las ofrendas preparadas por el grupo juvenil de San Lorenzo.
La presencia y el significado de la Espada de San Miguel Arcángel

Un signo particular que marcó espiritualmente la eucaristía fue la presencia de la Espada de San Miguel, presentada por el obispo ante la asamblea con especial veneración.
- Signo de firmeza: En la introducción, Mons. Valenzuela explicó que este signo invita a confiar plenamente en la protección divina, a mantenerse firmes en la fe y a dar batalla contra todo aquello que aleja del amor de Dios.
- Fuerza celestial: Antes del acto penitencial, invitó a mirar la espada para implorar del cielo la fuerza necesaria que nos libre de todo mal.
- Un arma de fe: Hacia el final de la misa, el prelado recordó que la Iglesia cuenta con un arma poderosa custodiada bajo el clamor de «¿Quién como Dios?», subrayando que el Señor envía este elemento reconfortante ante las duras batallas morales y espirituales que atraviesa la sociedad actual, e invitó a rogar a Dios para acrecentar la fe, la fortaleza y el espíritu de lucha para ser auténticos testigos en el mundo.
Reconocimiento a las delegaciones
Hacia el cierre de la liturgia eucarística, Mons. Valenzuela renovó su bendición y reconocimiento a las diversas delegaciones de matrimonios y familias que peregrinaron desde Tupasy Ykuá, mencionando expresamente a los hermanos provenientes de la Arquidiócesis de la Santísima Asunción, la Diócesis de San Lorenzo, el Chaco y Ciudad del Este.
Mensaje de los Presidentes Nacionales: «El futuro del país se decide en la mesa de cada hogar»
Al finalizar la Santa Misa, los presidentes nacionales del MFC Paraguay, Aurelia y Pedro Ortiz, compartieron un vibrante mensaje pastoral que tocó profundamente el corazón de los presentes, invitando a redescubrir el valor esencial de la familia en la sociedad:
- Más que una “foto perfecta”: Recordaron que frente a un mundo vertiginoso, individualista y obsesionado con el éxito efímero, la familia no es una imagen impecable para lucir hacia afuera. Es el espacio sagrado donde se comparte el pan cotidiano, se curan las heridas del día a día, se ejercita el perdón incondicional y se vive el amor más genuino en medio del cansancio y la sencillez.
- Hospital de campaña y cercanía: Subrayaron que la vocación del MFC no es juzgar ni colocarse en un pedestal moral, sino «arremangarse» y caminar hombro a hombro con las realidades de cada hogar, aspirando a ser un auténtico hospital de campaña con puertas abiertas a la esperanza.
- Testimonio vivo para los hijos: Hicieron un enérgico llamado a los padres para ser modelos creíbles ante sus hijos, demostrándoles con la vida que vale la pena apostar por un amor fiel y perseverante, y sostener un «sí» rotundo a la vida aun en los momentos más difíciles.
- El destino de la patria: Concluyeron con una profunda certeza: el futuro del Paraguay no se define primordialmente en despachos políticos ni en foros económicos, sino hoy, en la mesa y en el corazón de cada familia, a través de la educación con valores que brindamos a nuestros hijos y la valentía con la que defendemos la vida humana.
Con la gracia renovada y bajo el manto protector de la Virgencita Azul de Caacupé, el MFC Paraguay reafirma su compromiso de continuar siendo sal y luz, custodiando el don de la familia como cuna y santuario de la vida.








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